Todos estamos llamados a un cierto tipo de liderazgo.

 

 

 

Ser dirigente


La sociedad del bienestar no facilita, en absoluto, que surjan líderes "de sentido" entre los ciudadanos. Los liderazgos que proliferan, sea cual sea el ámbito social al que nos refiramos, suelen conducirse a través de un pragmatismo poco escrupuloso con los medios que le han de proporcionar conseguir el fin perseguido.

 

Este fin, para nuestros líderes comunes, suele ser muy tangible. El poder, el prestigio personal o profesional, la remuneración económica fácil, la popularidad, son entre otros los objetivos más frecuentemente perseguidos. Al mismo tiempo, esta labor de dirigente social suele estar acompañada por una escasa formación e incluso, con frecuencia, de cierta inmadurez personal.

       
       

A mi modo de ver, un dirigente social está llamado a ejercer un verdadero "liderazgo de sentido"; mucho más, si cabe, en organizaciones vinculadas a un ideario confesional.

       

En mi humilde andadura, también me he encontrado con algunos auténticos líderes sociales, haberlos los hay. Son personas que arrastran con sus criterios y con su ejemplo de vida y que están por encima de cualquier tipo de ideología. Personas muy eficaces en las acciones que acometen; reconocidas y queridas por todos los sectores sociales, aunque tengan formas de pensar diferentes; son muy claros y elocuentes en sus exposiciones, ya sean públicas o privadas, lo que les permite hacerse entender por eruditos y profanos; y, lo más importante, son extraordinariamente coherentes, sus principios y acciones no dependen de las circunstancias coyunturales. Sus mayores enemigos surgen de entre las propias filas y, tarde o temprano, suelen ser derrotados y excluidos por ellos; además, con altas dosis de cierto rencor y odio. Sin embargo, son este tipo de personas las que se necesitan para dirigir una sociedad profundamente insatisfecha, aunque acomodada en su bienestar. Que se revela impotente cuando este bienestar se trunca.

No es este el lugar, ni yo la persona más indicada, para profundizar con rigor en esta cuestión. Existen multitud de ensayos sobre el tema, abordado desde diferentes perspectivas: el dirigente social como gestor, como ideólogo, como agente mediático, como relaciones públicas, comunicador con carisma, etc. Desde luego, todos estos aspectos deben conformar el perfil de un dirigente social que pretenda ejercer una labor eficaz. Más allá, a mi modo de ver, un dirigente social está llamado a ejercer un verdadero "liderazgo de sentido"; mucho más, si cabe, en organizaciones vinculadas a un ideario confesional.

n esta sección me permito hacer algunas breves consideraciones personales sobre las actitudes y disposición que debe tener un dirigente social. Naturalmente, basadas en mi experiencia; tal cual he afrontado yo mi papel de liderazgo y según he podido percibir entre diversos dirigentes sociales del ámbito de la política o de la participación social. También entre distintas culturas y nacionalidades. Me detengo en dos aspectos que me parecen claves para dar sentido a esta labor: las peculiaridades del dirigente católico y la formación, como instrumento de madurez.

 

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