Mi experiencia > En la confederación CONCAPA: Cómo llegué

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Estoy firmemente convencido de que el azar o la casualidad no es la respuesta para una sucesión de acontecimientos como la que aquí se describen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La decisión de presentarme o no a las elecciones debía meditarse con serenidad y ser fruto, sólo y exclusivamente, de un espíritu de responsabilidad y de servicio desinteresado a los demás.

 

 

 

En la CONCAPA

Cómo llegué

No son fáciles los procesos electorales en una organización ya de por sí compleja. La sucesión a la presidencia de una confederación nacional como CONCAPA suscita, en principio, dos escenarios bien distintos. Puede ocurrir que no existan candidatos dispuestos, o aceptables, para ocupar el cargo; o bien que surja una cierta rivalidad entre distintos posibles pretendientes con interés decidido a serlo, normalmente no más de dos.

 

En la Asamblea General de CONCAPA celebrada en Santander a final de abril del año 2000 se culminaba un proceso electoral sumamente tortuoso, aunque no finalizaría allí. En él estaban implicados dos candidatos que, hasta ese momento, habían ocupado los cargos de Presidente y Secretario General, Agustín Dosil y José Albiol. Ambos con un gran ascendiente en la organización y fuera de ella. Por escapar del objeto de esta Web, no entraré en los pormenores y precedentes de aquella asamblea; sin embargo, la legítima rivalidad entre ellos ocasionó una división lógica en la organización, agrupando a los adeptos de uno y otro candidato.

La asamblea se celebró, pero fue finalmente impugnada por los partidarios de José Albiol ante la Conferencia Episcopal, la cual resolvió declararla nula. El proceso electoral debía, por tanto, comenzar de nuevo prolongándose de esta manera el enfrenamiento y la división. Pero no siempre somos nosotros quienes marcamos la pauta de los acontecimientos, a veces también la Providencia tiene algo que decir. El ser humano no siempre tiene la última palabra. Hasta ese momento ningún dirigente de la organización, así como las personalidades representativas de instituciones allegadas a CONCAPA, podían vislumbrar el devenir de los acontecimientos.

El 30 de julio de ese año 2000 el que fuera Secretario General de CONCAPA, José Albiol Verdecho, muere junto a su hija en un trágico y macabro accidente de tráfico. Las elecciones debían celebrarse de nuevo pero uno de los dos candidatos había fallecido y el otro, cara al curso que iba a comenzar, dejaba de tener hijos en edad escolar. Sin embargo, los partidarios de una y otra candidatura se mantenían firmes en su beligerancia frente a los otros. Era necesario encontrar un candidato de consenso.

José Albiol Verdecho, Secretario General de CONCAPA, muere en accidente de tráfico  

El 30 de julio de ese año 2000 el que fuera Secretario General de CONCAPA, José Albiol Verdecho, muere junto a su hija en un trágico y macabro accidente de tráfico.

 

Abierto de nuevo el proceso electoral, sólo parecía posible la candidatura del único que estaba dispuesto a suceder a José Albiol: Rafael Monter, Presidente de la Federación de Valencia. Pero Rafael no era un candidato aceptado por una gran parte de representantes de la Confederación. Con tal motivo, el mismo día que concluía el plazo de presentación de candidaturas, se convoca una reunión del Consejo Confederal, máximo órgano de decisión después de la asamblea. Al mismo es invitado el que fuera Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Arzobispo de Granada, D. Antonio Cañizares, el cual quiso orientarnos en un momento tan crítico para la CONCAPA.

Aunque todavía no se había presentado formalmente ningún candidato, era claro que Rafael Monter pensaba hacerlo en el último momento y que sus oponentes harían todo lo posible porque no prosperara su aspiración. Sólo quedaba media hora para que terminara el plazo de presentación de candidaturas y es en este momento cuando pido la palabra para proponer, como candidato de consenso, a Ricardo Moreno Ortega.

Ricardo era una persona que apoyaba a Rafael, el cual pensaba designarlo Secretario General; sin embargo, era muy estimado también por sus oponentes. Además tenía gran prestigio en toda la organización, a la que conocía muy bien. Ponderado, activo, comprometido, inteligente, desinteresado, buena persona, entre otras muchas cualidades, hacían de él el Presidente que todos hubiéramos aceptado sin reparos.

Se originó entonces un debate dialéctico entre Ricardo y yo en el que utilicé una argumentación contundente, aludiendo a la responsabilidad de todos, y comprometiéndome, a la vez que pedía el compromiso de los demás, a no dejarle sólo ante las servidumbres del cargo, siempre que él lo aceptara. En los últimos cinco minutos Ricardo aceptaba y Rafael manifestaba retirarse definitivamente. La incertidumbre y hostilidad con la que habíamos llegado a aquel Consejo Confederal no sólo había quedado atrás, todos nos sentíamos aliviados y felices de haber conseguido salir favorablemente de la difícil encrucijada en la que nos encontrábamos.

  Ricardo Moreno Ortega
 

Ponderado, activo, comprometido, inteligente, desinteresado, buena persona, entre otras muchas cualidades, hacían de Ricardo Moreno el Presidente que todos hubiéramos aceptado sin reparos.

Sin embargo, una vez más, los planes de Dios, tanto para las personas que estuvimos más implicadas como para la propia institución, iban por derroteros muy distintos a los que nosotros en cada momento percibíamos. Estoy firmemente convencido de que el azar o la casualidad no es la respuesta para una sucesión de acontecimientos como la que aquí se están describiendo.

A los pocos días, después de haberlo hablado serenamente con su familia, Ricardo Moreno presentó su renuncia formal a ocupar la presidencia de CONCAPA. En aquel momento no estaba tan generalizado el uso de teléfonos móviles; y yo, que había sido el que le aupara en su decisión, por diferentes circunstancias, fui el último en enterarme de su retirada. Debíamos, por tanto, comenzar de nuevo el proceso electoral. Es entonces cuando las miradas de quienes se oponían a Rafael Monter Thibaut se dirigen a mí.

Efectivamente, un grupo significativo de personas, comenzando por el propio Presidente, Agustín Dosil, me piden con insistencia que me presente a las elecciones. Sin embargo, yo quería mantener mi independencia a toda costa. Era lo único que podía salvar mi posible candidatura y posterior ejercicio del cargo, si es que llegara a ganar las elecciones. La organización estaba radicalmente fracturada en dos y con diversos focos de conflicto interno en las confederaciones autonómicas.

La decisión de presentarme o no a las elecciones debía meditarse con serenidad y ser fruto, sólo y exclusivamente, de un espíritu de responsabilidad y de servicio desinteresado a los demás.

 

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